Finalizo el mes de enero acelerado, con jornadas larguísimas en las que he intentado compaginar como he podido mi trabajo con mi dedicación temporal como cuidador. En los últimos quince días, después de muchos años alejado del ámbito de enfermero asistencial, de golpe y porrazo me he convertido en cuidador principal de una persona muy cercana, que permanece ingresada en un centro hospitalario.

De hoy para mañana, casi sin quererlo -los ingresos habitualmente llegan sin avisar-, he recuperado las habilidades y aptitudes que aprendí durante mi etapa de enfermero al cuidado, primero, de personas con enfermedades crónicas y, después, al lado de personas mayores. Por suerte, son quehaceres que no se olvidan, que quedan grabados, como aquel que aprende a ir en bicicleta y vuelve a ponerse encima de los pedales, en este caso pedales profesionales.

Dar la vuelta a la almohada para mejorar el confort, apretar la mano en una situación de dolor, enseñar a respirar de forma consciente para calmar y recuperar el equilibrio interno, poner cojines para ofrecer a la persona encamada la mejor posición o hacer un masaje para reactivar la circulación. Son cuidados básicos relacionados con el confort, la higiene, la comodidad y la seguridad de la persona que reportan satisfacción no sólo a quien los recibe, sino también a quien los ofrece.

Porque a veces, para quien está encamado y necesita ayuda para desarrollar sus funciones básicas es más de agradecer reposar encima de una sábana estirada o con una espalda cuidada, que evite la aparición de llagas, que tener garantizadas dos tomas de temperatura corporal al día.

La actual situación de recortes sanitarios, pese a las dificultades, no debe ser nunca un impedimento para que los profesionales de la salud y, en este caso, las enfermeras y enfermeros, abandonemos nuestros cuidados, que, al fin y al cabo, son la verdadera esencia de nuestra profesión. Probablemente hay quien lo olvida y prioriza aquellas medidas eminentemente técnicas, como poner una vía, una inyección, cambiar el suero o tomar la tensión arterial, que aunque son importantes para la persona nunca deben enmascarar los cuidados más básicos.

Hace ya más de 25 años, durante mis primeros días de clase en la escuela de enfermería y cuando aún desconocía lo que me depararía la profesión -con sus alegrías y sus sin sabores-, una profesora nos decía, a modo de predicción, que, en el futuro, existiría un aparato que tomaría la tensión arterial, incluso el pulso. Pero que lo que nunca, nunca ningún artilugio ni aparato podría sustituir seria cuidar a una persona. Y yo sigo absolutamente convencido de que seguirá siendo así.

Written by Josep Paris