Jubilarse, cobrar la mitad de la pensión y poder seguir trabajando superados los 65 años de edad. Ésta es una de las supuestas ventajas del reciente decreto que Gobierno españolha aprobado para garantizar la sostenibilidad de las pensiones y promover el envejecimiento activo. A estas alturas, todos los ciudadanos conocemos de sobras las estrecheces económicas de las arcas del Estado y sobre todo qué se esconde detrás de las tijeras de los recortes. Y pueden etiquetar todo ello con la palabra sostenibilidad, austeridad o eficiencia, pero hacerlo con el supuesto fin de promover un envejecimiento activo me parece de lo más soez.

Hablar de envejecimiento es hablar de la apertura de una nueva etapa de vida, vinculada, la mayoría de veces, al abandono de la actividad laboral o profesional. Y hablar de envejecimiento activo es hacerlo de una manera de vivir y convivir con la vejez, en el que se puede descubrir, por ejemplo, nuevas oportunidades para descubrir vocaciones ocultas, aficiones que habían quedado escondidas en la vida de una persona.

La escritora Rosa Regàs, en su libro ‘La hora de la verdad’, asegura que “todos sabemos que para llevar a cabo cualquier empresa intelectual, artística o emocional que se nos ocurra disponemos de un instrumento mágico: el cerebro. Este sofisticado ingenio que perdura inalterable con el tiempo”. Y mientras el cerebro siga funcionando habrá memoria, experiencia y posibilidades para el verdadero envejecimiento activo.

Suponemos que una persona llega al momento de la jubilación después de más de 45 años trabajando como bombero, albañil, enfermera asistencial o maestro. Seguir trabajando con la misma intensidad o similares cargas físicas y emocionales, en estos casos, parece casi imposible.

Si hay que alargar la vida laboral de una persona, nunca como una obligación, sino como una opción personal para quienes elijan seguir disfrutando de su profesión, las empresas deberían pensar en ello. Ofrecer tareas o puestos pensados para las personas mayores puede ser una buena oportunidad para la propia empresa, pero también para aquellos que se incorporan al mercado laboral.

¿Hemos pensado en todo aquello que los más veteranos pueden aportar para garantizar el relevo generacional? ¿Con su experiencia y motivación no podrían, por ejemplo, tutelar o acompañar a los trabajadores más jóvenes que se incorporan al mundo laboral? Sinceramente, creo que muy pocos han pensado en ello.

Desgraciadamente, la mayoría de empresas y organizaciones están muy lejos de dar este paso. Y hasta que no se cumplan las mínimas condiciones para que la persona jubilada que libremente y sin presiones lo decida así, pueda prolongar su etapa profesional, aprobar un decreto que vincule sostenibilidad con envejecimiento activo seguirá siendo simplemente una estafa.

Written by Josep Paris