Esta tarde, mientras volvía a mi casa después de bajar a comprar al supermercado, me he topado, casi por casualidad con un correfoc. Estos días mi barrio está de fiesta mayor y se suceden los conciertos y las muestras populares con la feria de atracciones que está instalada en una de las calles principales de la zona en la que vivo.

Bajaba pues por una de las calles peatonales mientras una pequeña multitud de personas, vestidas con pantalones largos, camisas viejas y algunos, los más valientes, ataviados con pañuelos en la cabeza para resguardarse de las chispas del fuego de las bengalas, seguían los demonios y diablos al son de los tambores.

Cerraba la comitiva un vehículo de la Guardia Urbana, una ambulancia de la Cruz Roja –de presencia obligada en este tipo de celebraciones- y curiosamente un vehículo de Serveis Funeraris de Barcelona sin nada que le identificara como tal. A ojos de los vecinos, posiblemente se habría podido confundir con una ambulancia cualquiera.

El vehículo ha parado al lado de la parroquia del barrio, justo enfrente de un edificio de viviendas, que alberga una residencia de ancianos en el entresuelo. El conductor, con gran discreción, ha abierto las puertas traseras para sacar una camilla para llevarla hasta la portería del inmueble.

Minutos después, sin que en la calle apenas se haya percatado nadie, la misma camilla ha descendido con el cuerpo sin vida de uno de los residentes del piso del entresuelo. Mientras, a lo lejos, todavía resonaban los tambores del correfoc.

¡Qué contraste! -he pensado rápidamente. Mientras algunos hacen su vida, celebran las fiestas y se divierten –algo indispensable de nuestro día a día-, otros se van.

Entonces me ha venido a la cabeza unas palabras del filósofo Francesc Torralba, recogidas en una entrevista que le realizaron en La Vanguardia después de publicar su libro Planta cara a la muerte, en el que ofrece elementos para afrontar la pérdida de un ser querido con serenidad y mecanismos de consuelo.

Y habla también del tabú de la muerte, porque ciertamente vivimos de espalda a ella. “Es verdad que morir, morimos. Pero fíjate que distinto es cuando uno asume que la muerte forma parte de la vida. Verás cómo y de qué forma se valora cada instante que pasa. Si la vida es tan apasionante es porque es limitada y porque en este tiempo, que no sabes qué durada tiene, debes desarrollar tu proyecto de vida”.

Written by Josep Paris