Los publicistas se las inventan todas y a pocas semanas de la Navidad hay un anuncio que se ha vuelto viral. Se habla de la amistad o mejor dicho de las emociones y de la necesidad que tenemos los humanos de conectar con lo más profundo de nuestros sentimientos, dejando de lado, en ocasiones, la tecnología, el ritmo trepidante y el estrés que nos roba el tiempo del día a día.

¿Qué pasaría si calculáramos el tiempo que nos queda para estar con quien realmente nos importa? Muchos de nosotros, al igual que los protagonistas del anuncio, se nos haría un nudo en la garganta, al comprobar que sólo hablamos de días.

¿Y a ti qué te hace feliz, realmente? A mí, sin lugar a dudas, disfrutar del tiempo con los amigos, estos seres que un día, a veces por casualidad otras de manera totalmente consciente, aparecen en tu vida. Conectaste con ellos, compartiste los mismos valores o no, encajaste como dos piezas de puzle, fueron tus cómplices de las primeras tardes de cine, las primeras juergas nocturnas, las primeras novias y las primeras resacas.

Más tarde te acompañaron en las risas pero también en los malos momentos, cuando la vida da un giro inesperado. Con los años, a veces, te distancias, por múltiples motivos, pero siempre hay aquel amigo que, pese a la agitación diaria, se te planta en la puerta de tu casa en un par de horas cuando más lo necesitas.

¿Qué valor tiene todo ello? Para mí, es inmenso.

Muchos de nosotros celebraremos los días señalados de estas Navidades con nuestros familiares. Nos reuniremos en Nochebuena, en Navidad, en San Esteban, el Día de Reyes, comeremos los platos típicos, abriremos el cava, cataremos turrones y nos tomaremos alguna copa, después de intercambiarnos regalos.

Y también conversaremos: de la tía tacaña que ya no está entre nosotros, de la abuela que quince años antes de morirse ya decía: “Probablemente, éste será mi último año”, de que puedes cambiarte el regalo si no te gusta y de política y futbol con los cuñados. Los cuñados son estos seres entrañables que todo el mundo critica, pero que son más que necesarios en la mesa de Navidad. Que conste que no lo digo por el mío quien, a pesar de ser del Real Club Deportivo Español, es un bonachón y que lo quemaría todo por la familia y los amigos.

Pese al peso de las tradiciones, muchos años me pregunto. ¿Y si por un día fuésemos capaces de romperlas un poco y convertir el Día de Navidad en el Día de la Amistad? Compartir mesa, cava, regalos y comilonas con los amigos, aquellos seres entrañables a quien sin lugar a dudas, tendríamos que ver más.

Written by Josep Paris