Las agujas del reloj se equivocaron y decidieron anticipar tu salida. La inmadurez de tu cuerpo no pudo aguantar y tras una lucha titánica, que iniciaste en el mismo minuto de nacer, ahora descansas. Entra en el oratorio una pequeña caja de madera blanca encima de un carro inmenso, propio para transportar el ferétro de un adulto y en la sala se hace un largo y pesado silencio, mucho más dificil de soportar que la de cualquier otra muerte. 

Encima del ferétro, tus padres han colocado un pequeño muñeco de juguete de algun personaje heorico que no consigo distinguir y en la mesa que preside el oratorio vuelve a aparecer una parte de alguna indumentaria propia de Superman. Creciste durante seis meses en el vientre de tu madre y a lo largo de unos pocos días batallaste con fuerza para conocer el mundo que te esperaba fuera. Pero no pudo ser. Morir a veces es duro, pero en tu caso es injusto.

Este es el caso del pequeño gran Jan, un recién nacido que batalló por catar un trocito del mundo que le esperaba fuera. A diferencia de otros, la suya es y será una historia visible, porque sus padres decidieron compartir la pérdida y la tristeza profunda de su adiós con todo su entorno. Lo escogieron así. 

El duelo perinatal, ocasionado por una muerte que se produce durante el embarazo, en el parto o pocos días después del nacimiento, es todavía hoy un tabú social. Es difícilmente entendido y muchas veces no se cree necesario tenerlo en cuenta. Se trata de un duelo que en muchas ocasiones se prefiere vivir en la intimidad y no se expresa públicamente, por lo que no está reconocido. 

La sociedad en general no está preparada para sostener ese gran sufrimiento, por lo que no acepta el duelo. En ocasiones, hay quien se escuda en la circunstancia de que el pequeño que muere no ha llegado a nacer, por lo que se quita importancia a la pérdida. 

A la hora de transitar por el duelo perinatal, los padres no necesitan escuchar  frases vacías como las típicas sentencias de “sois jovenes y lo podéis volver a intentar” o “es ley de vida”. Son estas malditas frases hechas que no aportan nada y que pueden hacer daño, mucho daño.

Quienes han perdido un hijo necesitan que sus familiares y amigos estén ahí, a su lado, les aporten el calor humano y emocional que necesitan, y que les ayuden a encontrar soportes como grupos de duelo o apoyo psicológico, muy necesarios en estos casos.

Una pareja que pierde un hijo vive un terremoto que les desmorona interiormente. En momentos así acompañar con el silencio es la mejor elección. 

Esto es lo que hicimos aquella mañana de invierno en el tanatorio, acompañar desde la emoción y el silencio tus padres. No pudiste ganar toda la partida, pequeño gran Jan. Ahora descansa en paz, campeón. 

Written by Josep Paris