Despedirme de ti no ha sido fácil, nada fácil. Ni cuando el cáncer se fue apoderando vertiginosamente de ti, en el hospital, ni cuando poco a poco tu rostro se desdibujó para finalmente poder descansar en paz.

Jugar a fútbol de pequeño, pescar contigo en la playa de Altea, las copas de cava que no faltaban nunca en tus celebraciones, el día que me acompañaste al Institut Guttmann para asegurarte que yo volvía a trabajar como auxiliar, mis discusiones contigo en las barbacoas familiares, mis reflexiones, ya de mayor, para convencerte de algún cambio de hábito y tus “ya lo estudiaré”.

Miles de imágenes, que han formado parte de nuestra última película particular, y que me he visto obligado, de repente, a procesar en algo más de una semana, tras conocer tu diagnóstico.

En los tiempos que corren, estar a tu lado en el hospital, poder darte la mano, hablar contigo y acariciarte ha sido excepcional, como también lo ha sido poder despedirnos de manera muy muy íntima para darte tu último adiós.

Primero en el tanatorio y después al lado del crematorio de Montjuïc, donde a modo, casi de confesión, y antes de darte nuestro último aplauso, te pudimos leer esta carta, que escribió Gemma para ti:

Querido Fede,

 Hoy hablamos de ti, pero no con pena. Sencillamente hablamos de ti, de cómo nos has dejado, de tu sufrimiento en los últimos años, de tus cosas y de tus gustos, de lo que amabas y de lo que no, de lo que hacías y sentías.

 De tu vínculo con Altea, tu pueblo natal de casitas blancas y calles empredradas, del mar, de la Barceloneta, de cuando llevabas tupé, de la Coope y la Cova Fumada, de tu ware a ken, de cuando te juzgaban por ser el chulito del barrio, de tu elegancia al vestir y de cómo con tus artes acabaste enamorando a Carmen y de, como ella, te acabó cuadrando.

 Hablamos de Josep, de Jose, el noi, y del Àngels, la nena, la pequeña. De cómo te empoderabas ante Josep, para fingir lo que te preocupaba por dentro, y de cómo con Àngels te desmontabas un poco más.

 Hablamos de los míticos viajes a Altea, en verano, de la Carbonera, del blanquet, del carajillet, de tus años al frente de la tienda, los tiempos de las vacas gordas, de las flacas, del nacimiento de tus nietos, Alèxia y David. De como a él le enseñaste a cazar moscas, de como ella le enseñaste a pintar, y de cómo te convertiste en el yayo de las barbacoas y el organizador de los aguinaldos en Navidad.

 Hablamos de ti, de tus cuadros, de cómo nos acogiste a Antonio y a mí, desde el primer día, con tu calidez. De cómo te implicaste para hacer de manitas en el primer piso de Àngels y Antonio y de cómo te prestaste a pintarnos a Josep ya mí tu último cuadro, con el faro de Formentera, que, en nuestra casa, seguirá siendo nuestro guía.

 Paleta y pincel en mano. Nos has regalado una extrema sensibilidad, generosidad, proximidad, meticulosidad, una voz de radio, las palabras justas, las mejores tortillas de patatas del mundo y muchas, muchas pinceladas de creatividad y de intenso amor por Carmeta y los tuyos.

 Buen viaje, papa, yayo y Fede.

¡Papá, ha sido todo un privilegio tenerte como padre!

Written by Josep Paris