“Se está muriendo mucha gente que no se había muerto antes”. Esta frase, que se atribuye al Filósofo de Güemes, un controvertido personaje mexicano del siglo XIX, se imputa a diferentes personas del municipio de Güémez en Tamaulipas, México, y adquiere todo su sentido en las últimas semanas.

Aparte de las pérdidas personales que hemos podido vivir últimamente, han fallecido recientemente personas con notoriedad pública que hace que hablar de la muerte y de sus vivencias sea algo más normal.

Las reflexiones y las frases recuperadas a través de los libros del escritor Carlos Ruiz Zafón, de entrevistas y monólogos ácidos de la actriz Rosa María Sardà o de los mensajes directos y sinceros del cantante Pau Donés ponen voz a muchos de nuestros pensamientos sobre la vida y la muerte.

“Remando contra la marea. Por todo lo que recibí ahora, sé que no estoy solo. Ahora te tengo a ti, amigo mío, mi tesoro. Así que gracias por estar, Por todo lo que recibí, estar aquí vale la pena. Gracias a ti seguí por tu amistad y tu compañía. Eres lo mejor que me ha dado la vida”. Esas son algunas de las frases centrales del tema ‘Eso que tú me das’, el último lanzamiento de Jarabe de Palo, el grupo que comandó con tantos éxitos Pau Donés.

Pau, Rosa María, Carlos, Federico, Isabel, Fernando, Pepa y muchos otros personajes célebres y anónimos nos han dejado tras luchar de manera incansable, pero también discreta, contra una enfermedad, cómo el cáncer, que desgraciadamente también afecta a muchas personas.

Es posible que algunos de nosotros tengamos familiares y allegados que hayan pasado por la misma experiencia.

Quienes son conscientes de que llegan al final de su vida, en ocasiones tras batallar contra esta enfermedad, tienen siempre algo en común: antes o después valoran lo importante que es disfrutar de los suyos, de los pequeños momentos, de las experiencias personales y de todo aquello que, al fin y al cabo, más importa.

En el pasado vivía la vida a toda velocidad, casi siempre en modo futuro, porque iba tan deprisa que era consciente de mi presente un tiempo después de que hubiera sucedido. Nos preocupamos mucho del trabajo cuando lo importante es vivir intensamente”, decía Pau Donés.

Se trata de algo que perciben los profesionales –enfermeras, médicos, auxiliares enfermeras o psicólogos- que acompañan a las personas en sus últimos momentos de vida. Ellos mismos nos lo cuentan.

El doctor Marcos Gómez, un referente en los cuidados paliativos, lo cuenta así: “Los pacientes nos van a enseñar a reorganizar nuestros valores, porque este enfermo, al final de su vida, nos va a mostrar su biografía, nos va a decir lo que le importa y lo que no. He acompañado a más de 20.000 pacientes y ni uno sólo al final echó de menos haber estado más horas en la oficina, o tener un apartamento más grande, o tener un coche más potente, ni uno. Todos han echado de menos no haber estado más tiempo con los niños, no haber visto crecer a sus hijos de otra manera, no haber sido más solidarios, no haber escuchado más a Mozart o a Bach, y eso nos lo transmiten los pacientes, y nosotros escalonamos nuestros valores gracias a lo que aprendemos de ellos

Y es que acompañar a un familiar o a un amigo al final de sus días es algo triste, impactante, desgarrador, pero también y ante todo es una gran lección de vida.

Poco a poco van pasando los días y pese a que la vida continúa y se va recolocando, ya nada vuelve a ser como antes, porque las experiencias pesan, pero también nos invitan a recordar que, pese a la vorágine del día a día, hay algo nunca deberíamos dejar de tener presente: debemos catar la vida hasta el final.

Written by Josep Paris