En recuerdo de los míos en el cementerio

Aprendí de mi abuelo a distinguir el rape, el besugo, el lenguado, la maira, el boquerón, los calamares y las sepias. De pequeño, en el barrio de la Barceloneta, que me vio nacer, cuando regresaba a puerto siempre subía a verme al piso en el que vivía con mis padres con una bolsita llena de lenguado y gambas que había recogido entre sus redes. Mi abuelo era pescador, el patrón de la vieja “Pescadora”. 

Semanas después de aquella hepatitis que sufrí, una tarde de sábado, cuando yo ya vivía lejos de las calles húmedas pero también populares y cálidas de mi barrio natal, volví a casa de mis abuelos, en la Barceloneta. Creo que fue después de comer cuando le sobrevino el infarto.

Con 12 años de edad salí disparado hacia la calle para llamar a mi padre, que entonces estaba trabajando en la tienda de muebles de la que era propietario, desde el teléfono de la charcutería de al lado. No recuerdo quien llamó la ambulancia, pero sé que aquel día se salvó. 

Falleció diez días más tarde en el Hospital de Sant Pau de Barcelona y lo enterraron el 10 de agosto, el día que yo celebraba mi 13 aniversario. El día que yo recaía en la cama, nuevamente con hepatitis.  Continúa leyendo En recuerdo de los míos en el cementerio

Matar al suicidio

Hay días entre semana que suelo pasear, bien por trabajo o por placer, por el paseo de Gràcia de Barcelona, una de las calles más señoriales de la ciudad que me vio nacer. Entonces paso por delante del que fue tu despacho profesional y automáticamente giro el rostro hacia las escaleras situadas justo enfrente de aquella estación de tren en la que alguien te vio en tus últimos momentos de vida. Y me estremezco. 

Me informaron de tu muerte poco después de producirse. “Falleció de repente de un infarto”, comentaron los compañeros de profesión. Hacía años que no hablábamos, pero durante un largo tiempo solíamos reunirnos al menos una vez a la semana por motivos de trabajo. 

Aparentemente eras una persona distante, pero yo siempre tuve la sensación que ello respondía más a una reacción natural motivada por tu timidez. Nunca pensé que tras aquella mirada se escondiera un hombre vulnerable, aunque, al final, todos somos o podemos vivir momentos de vulnerabilidad extrema. 

Te fuiste un día de trabajo, antes de salir o entrar a tu despacho, y algo te empujó a desaparecer en las vías del tren. Tu decisión, tu suicidio, tu muerte real se escondió por parte de los más allegados, quienes públicamente callaron por respeto, por vergüenza, por no saber. Pero finalmente ellos también siguieron perpetuando el tabú. 

Un año antes de conocer tu muerte, un amigo mío había seguido tus mismos pasos. Pienso muchas veces en él, en cómo llegó a perder el control de la vida y fue deslizándose hasta el túnel que le llevó a acabar con todo. “Se arrojó a las vías del tren”, me comunicó su mujer pocas horas después del triste desenlace. Continúa leyendo Matar al suicidio

El pequeño gran Jan

Las agujas del reloj se equivocaron y decidieron anticipar tu salida. La inmadurez de tu cuerpo no pudo aguantar y tras una lucha titánica, que iniciaste en el mismo minuto de nacer, ahora descansas. Entra en el oratorio una pequeña caja de madera blanca encima de un carro inmenso, propio para transportar el ferétro de un adulto y en la sala se hace un largo y pesado silencio, mucho más dificil de soportar que la de cualquier otra muerte. 

Encima del ferétro, tus padres han colocado un pequeño muñeco de juguete de algun personaje heorico que no consigo distinguir y en la mesa que preside el oratorio vuelve a aparecer una parte de alguna indumentaria propia de Superman. Creciste durante seis meses en el vientre de tu madre y a lo largo de unos pocos días batallaste con fuerza para conocer el mundo que te esperaba fuera. Pero no pudo ser. Morir a veces es duro, pero en tu caso es injusto.

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El duelo con ojos de niña

¿Conocemos qué pasa exactamente por la mente de un niño cuando éste debe enfrentarse a la muerte de su madre? Muchos profesionales nos vanagloriamos de detectar al dedillo las etapas del proceso de duelo y de interpretar paso a paso las actitudes y comportamientos de los más pequeños. El duelo es seguramente el proceso más personal, único e intransferible que hay, pero con los niños esta premisa tiene una carga superior.

Sienten, no saben exactamente qué, intentan sobreponerse, en algunos casos como pueden o mejor dicho como les dejan los adultos y buscan, pese a no entender por qué nadie les pregunta ni les explica. Sólo en algunos casos, llegan a compartir sus sentimientos, porque quienes les superamos en edad nos negamos a explicarles que también sufrimos o que estamos pasando por nuestro propio duelo. Continúa leyendo El duelo con ojos de niña

#Nosmorimosporvivir, el anuncio que rompe el tabú de la muerte

Sábado por la tarde, un día antes de la entrega de los Óscar en Hollywood y en casa decidimos ir a ver la archinominada película La la land. Sorteamos la cola del cine y pocos minutos antes del inicio del filme, una conocida bebida de refrescos me sorprendió con su nueva campaña publicitaria, fresca y valiente. No sólo porque invita a vivir, algo ya muy común con este tipo de productos, sinó sobre todo a hacerlo sin estar de espaldas a la muerte. ¡Esto sí que es innovar!

El anuncio empieza recordando que España es el primer país en donación de órganos y después la voz en off invita a la audiencia a disfrutar de cada momento: “¡Celébralo! Somos vivovientes”, recuerda.
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